La seguridad operacional exige anticipación, confianza y recursos: principales conclusiones del III Congreso de Seguridad Operacional Aeronáutica
El pasado 22 de septiembre de 2026 FSAI asistió al III Congreso de Seguridad Operacional Aeronáutica, una jornada que reunió a representantes de organismos públicos, profesionales de la aviación, expertos en seguridad operacional y representantes de distintos colectivos del sector para analizar los principales retos a los que se enfrenta la aviación en materia de prevención de accidentes.
La jornada puso sobre la mesa una idea que debería estar en el centro de cualquier política de seguridad operacional: la seguridad se construye entre todos y solo puede preservarse cuando cada uno asume el papel que le corresponde.
Para FSAI, muchas de las cuestiones abordadas durante el Congreso tienen una relación directa con la realidad diaria de los profesionales que trabajan en el ámbito de la navegación aérea y, particularmente, con los ATSEP, cuya labor resulta esencial para garantizar la disponibilidad, continuidad y seguridad de los sistemas que sustentan la navegación aérea.
Desde FSAI queremos agradecer expresamente a Velum Legal Studio, Asociación de Ingenieros Aeronáuticos de España (AIAE), SEPLA y la Asociación Española de Derecho Aeronáutico y Espacial (AEDAE) la organización del III Congreso de Seguridad Operacional Aeronáutica, así como su compromiso con la creación de un espacio de encuentro y reflexión sobre la mejora continua de la seguridad operacional.
Anticiparse al accidente: la importancia de notificar
Uno de los mensajes más destacados de la jornada fue la necesidad de actuar antes de que ocurra un accidente.
El sistema de notificación de sucesos e incidencias de AESA ha cumplido ya 20 años. Durante 2025 se tramitaron alrededor de 60.000 notificaciones, una cifra que durante 2026 ya registra un incremento cercano al 20 %.
Estos datos ponen de manifiesto la importancia de disponer de mecanismos eficaces que permitan identificar las señales de alerta, analizar los riesgos y adoptar medidas preventivas antes de que estos puedan materializarse.
Pero para que un sistema de notificación funcione existe un elemento fundamental: la confianza.
Cuando los profesionales tienen confianza en el sistema, comunican las incidencias y situaciones de riesgo que detectan. Cuando esa confianza desaparece, también disminuye la notificación.
Sin confianza no hay notificación; y sin notificación resulta mucho más difícil conocer y gestionar los riesgos.
Esta es precisamente una de las bases de la denominada Cultura Justa, que debe permitir aprender de los errores y de las situaciones de riesgo, diferenciando el error humano de las conductas deliberadamente negligentes o incompatibles con la seguridad.
Seguridad operacional no puede significar únicamente cumplir la norma
Otro de los aspectos abordados durante el Congreso fue el funcionamiento de los Sistemas de Gestión de la Seguridad Operacional (SGSO).
La existencia de procedimientos, reglamentos y requisitos normativos es imprescindible, pero la seguridad operacional no debería reducirse a comprobar que se cumple formalmente con la normativa.
El objetivo debe ser mucho más ambicioso: alcanzar la excelencia en seguridad.
Y para ello son necesarios recursos suficientes, especialmente en materia de personal y formación.
La seguridad operacional necesita profesionales adecuadamente dimensionados, cualificados y formados. Los recursos destinados a garantizar la seguridad no deberían considerarse únicamente desde una perspectiva económica, porque determinadas decisiones de ahorro o eficiencia pueden terminar afectando precisamente a aquellos elementos que constituyen una barrera frente al riesgo.
La formación: una herramienta de seguridad, no un trámite administrativo
La formación de los profesionales aeronáuticos fue otro de los elementos que adquirió especial relevancia durante la jornada.
Para FSAI, la formación y la cualificación de los profesionales deben entenderse como herramientas de seguridad operacional, y no únicamente como mecanismos destinados a acreditar el cumplimiento de un reglamento o requisito normativo.
La diferencia no es menor.
Cumplir con las horas de formación exigidas no garantiza por sí mismo que un profesional disponga de las mejores herramientas para afrontar situaciones complejas. La formación debe estar orientada a mantener y mejorar las competencias, anticipar nuevos riesgos y permitir que los profesionales puedan desempeñar sus funciones con los máximos niveles de seguridad.
En el caso de los ATSEP, esta cuestión resulta especialmente relevante debido a la constante evolución tecnológica de los sistemas de navegación aérea y a la responsabilidad que estos profesionales asumen en el mantenimiento de los sistemas críticos para la prestación segura del servicio.
Más tráfico aéreo, pero no el mismo crecimiento de los recursos
Durante el Congreso también se puso de manifiesto la evolución experimentada por el tráfico aéreo.
Desde 2019, el tráfico ha aumentado aproximadamente un 18,5 %, mientras que los recursos humanos destinados al control del tráfico aéreo lo han hecho alrededor de un 10 %.
Más tráfico, mayor complejidad y nuevas tecnologías implican necesariamente nuevos retos para la gestión de la seguridad.
En este contexto, resulta imprescindible que las organizaciones aeronáuticas dispongan de una planificación adecuada de sus recursos humanos y técnicos, evitando que el incremento de la actividad se traduzca en una presión adicional sobre los profesionales o en una reducción de los márgenes de seguridad.
Nuevos riesgos: UAM, drones y riesgo aviar
El Congreso también dedicó parte de su programa a los nuevos escenarios que están transformando la aviación.
La Movilidad Aérea Urbana (UAM), los sistemas de aeronaves no tripuladas y las nuevas capacidades de seguridad y protección aérea plantean desafíos que requieren una adecuada coordinación entre organismos y profesionales.
En este ámbito, también se abordó la creación de la AITAT, constituida en julio de 2026, con una estructura que incorpora expertos de los ámbitos marítimo, ferroviario y aeronáutico.
Otro de los riesgos analizados fue el riesgo aviar, especialmente el derivado de los impactos con buitres, cuya población ha experimentado un crecimiento durante los últimos años y que puede representar un riesgo particularmente relevante para las aeronaves que operan a baja altura.
Todo ello demuestra que la seguridad operacional es un ámbito dinámico y que los riesgos evolucionan al mismo ritmo que lo hace el propio sector aeronáutico.
La seguridad operacional también depende de las decisiones sobre las personas
Desde FSAI consideramos que una de las principales conclusiones que deben extraerse de este Congreso es que no existe seguridad operacional de excelencia sin una adecuada gestión de los recursos humanos.
No basta con disponer de sistemas, procedimientos y reglamentos.
Es necesario contar con profesionales suficientes, correctamente formados, adecuadamente cualificados y con los medios necesarios para desarrollar su trabajo.
En este sentido, resulta especialmente relevante la situación de los ATSEP y la gestión que ENAIRE realiza de sus procesos de formación, cualificación y recursos humanos.
Desde nuestra perspectiva, la formación y la cualificación de los ATSEP no pueden gestionarse únicamente con el objetivo de cumplir los requisitos establecidos por la normativa. El cumplimiento normativo debe constituir el punto de partida, no la meta.
La verdadera finalidad debe ser garantizar que los profesionales dispongan de las mejores condiciones posibles para desempeñar sus funciones y que la organización persiga permanentemente la excelencia en seguridad operacional.
Porque en seguridad aérea no debería bastar con preguntarse si algo cumple la norma.
La pregunta debe ser si es suficientemente seguro y si existe margen para hacerlo todavía mejor.
Una responsabilidad compartida
El III Congreso de Seguridad Operacional Aeronáutica vuelve a poner de manifiesto que la prevención de accidentes es una responsabilidad compartida.
Administraciones, empresas, organizaciones sindicales y profesionales deben contribuir a identificar los riesgos, comunicar las incidencias, aprender de los errores y adoptar medidas antes de que estos se conviertan en accidentes.
Para FSAI, esta cultura preventiva debe trasladarse con mayor ímpetu a la gestión de los profesionales ATSEP, profesión que muchas veces no se trata con la debida importancia.
La seguridad operacional no puede ser únicamente el cumplimiento de una norma. Debe ser una cultura, una prioridad y un compromiso permanente con la excelencia.
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